No le entregué mi llamado a una máquina
Utilizar inteligencia artificial no significa entregarle aquello que pertenece únicamente a Dios. Esta tecnología puede ayudar a investigar, comparar información, organizar ideas, descubrir conexiones, revisar textos, desarrollar estructuras y convertir pensamientos cultivados durante años en materiales claros y accesibles. Sin embargo, ninguna de estas capacidades puede producir un llamado, impartir fe ni reemplazar la experiencia espiritual de una persona.
En No le entregué mi llamado a una máquina, el autor presenta una reflexión personal, honesta y pastoral sobre el uso de la inteligencia artificial en la escritura y el ministerio. Reconoce abiertamente su utilidad, pero también establece sus límites: la IA no lo llamó, no le dio su fe, no lo condujo al ministerio ni le enseñó a amar las Escrituras. Tampoco conoce sus lágrimas, sus luchas ni el camino por el que Dios lo ha guiado.
Una lectura necesaria para quienes desean aprovechar las herramientas de nuestro tiempo sin entregarles su identidad, su voz, sus convicciones ni el llamado que recibieron de Dios.





